28 abril, 2011

Espíritus





-Es fantástico vivir como un alma y ver día a día la eternidad de las personas, siendo testigo de lo que sienten, pero a veces la existencia espiritual es poco para mí. Quisiera dejar de bajar suspendido en el aire, sentir mi propio peso, poner límite a mi infinidad y atarme a la tierra, Quisiera decir en cada uno de mis pasos, en cada ráfaga de viento, ahora y ahora y ahora, y no decir para siempre, hasta la eternidad. Ocupar un puesto en la mesa y jugar a cartas, que me saluden, aunque sea con un gesto.

El tiempo que dedicamos ayudando a los demás es solo una apariencia. Aparentamos ayudar al más débil de los contendientes en una pelea nocturna, aparentamos pescar un pez, aparentamos sentarnos en la barra de un bar, aparentamos comer y beber. Cuando en un picnic en el campo esperamos el cordero asado y el vino, no es verdad, si no apariencia. No es que quiera jugar con un niño o plantar un árbol hoy mismo, pero sería ya un gran paso. Poder llegar a casa después del trabajo y como Philipp Marlow darle de comer al gato. Tener fiebre, ensuciarme los dedos con el periódico, emocionarme no solo como espíritu si no por una comida, por la forma de un cuello, de una oreja. Mentir, sin parar, sentir el peso de mis huesos al caminar, adivinar algo en lugar de saberlo todo siempre.  Ah! Y Oh! Y Ay! o Caramba! En lugar de sí y Amén.

-Sí, e incluso poder ser malos alguna vez. Enfrentarnos a todos los demonios que se cruzan con las personas, pelearnos y echarlos de este mundo. ¡Ser salvajes!

-O saber al fin que se siente al quitarse los zapatos bajo la mesa y estirar los dedos de los pies, descalzos, así.

-Estar solo, indefenso, estar serio. Nosotros solo somos espontáneos dentro de nuestra gravedad. Solo podemos observar, acumular, ver, certificar, proteger, ser espíritus. Siempre a distancia, siempre en silencio…


"Cielo sobre Berlín" Wim Wenders

27 abril, 2011

Ella (II)


Ha escapado cien mil veces, ha comprado billetes de manera impulsiva y ha hecho planes lejos de esta ciudad. Ha conocido a gente maravillosa a lo largo y ancho de este mundo, siempre valiente lejos de casa, cuando parecía que el mundo no era lo suficientemente grande como para acobardarla. Ha recorrido las calles de Londres llena de fuerza, y en el Malecón de la Habana se sentía con suficiente energía como para darle la vuelta a la isla a nado. Pero por mucho que haya tirado de Low Cost nunca ha conseguido huir del todo. Siempre la ha perseguido esa otra que es ella misma pero que no lo parece. Como única amante fiel, como un corte en el pliegue de piel más molesto de todos.

Nada le jode más que tener llegar a la hora señalada a un plan que ella misma ha propuesto días antes. Aquello que en un momento le pareció una gran idea de pronto le da tanta pereza como levantarse a las siete para ir a trabajar. Sí, la obra tiene que ser muy buena, quien rechaza entradas para un Brecht dirigido por él. Y con esa grande como protagonista, de hecho el elenco entero es de quitarse el sombrero. Ella lo propuso, ella compró las entradas y le hizo gracia acabar la noche en ese bar tan rojo bebiendo gintónics hasta que la vida parezca sencilla y dócil. Pero ahora no quiere, solo quiere enchufarse al peor programa que den en la caja y no pensar en nada. Ha aparecido la otra, que ahora es ella y se pelea con la primera, juegan a los chinos hasta que una se rinde, pero claro, alguna quedara triste y cabreada, y el sofá parece menos cómodo de golpe.

París era tan bella, y se dejaba mirar por los libreros del quartier Latin, y soñaba que era la chica de la Vespa, que trabajaba programando exposiciones en el Pompidou o de camarera en Montmartre. Soñaba sin miedo por las calles de Napoli o de tiendas en Capri. Soñaba mirando las nubes de algodón desde un asiento estrecho de Vueling. Pero al encajar las llaves en la puerta de su casa sentía un miedo denso y profundo en el estómago, una especie de moco nauseabundo le ascendía hasta la cabeza y le asaltaba el vértigo de los trapecistas sordos.

Dando vueltas en el sofá, en un lio de mantas, nostalgias y reallity shows. ¿Donde se habrá escondido el maldito mando? ¿Y porque veo el polvo de la estantería desde aquí? Dándole vueltas en la cabeza a las nubes de algodón, a la fuerza del Malecón, a los bares rojos, a Brecht, a los libros sin dueño y al vértigo de los trapecistas sordos.

15 abril, 2011

So-le-da-des




Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah pero si existiera con minúscula
seria semejante a nuestra breve
presoledad

después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad

ya se que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
solo en el mundo

sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en esa sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo

los datos objetivos son como sigue

hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos

claro que la soledad no viene sola

si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se vera un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buenagente

después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad

conforme
pero que vendrá después
de la soledad

a veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.

M. Benedetti

31 marzo, 2011

Él (II)


Todas las cosas importantes me pasan cuando llueve, pero no siempre que llueve me pasan cosas importantes. Sería bonito decidir cuando tienen que ser los puntos de inflexión, cuando los llantos, cuando los aprendizajes, cuando los flechazos y hasta las enfermedades (aunque puede que en realidad todo vaya un poco de la mano). Supongamos que la lluvia está limpia, que se abre una compuerta y deja pasar el aguacero por dentro. Todos los mecanismos se limpian, las correas, los engranajes, las válvulas y ese extraño sistema hidráulico que provoca vuelcos en el corazón cuando pasa algo bello, cuando confundimos la emoción con una vibración fantasma del móvil en el bolsillo.

Está sentado al lado de la ventana, dejando su mente al libre albedrío, con una botella de dos litros rellenada de agua fresca a la que da breves sorbos para prevenir la resaca en unas horas. En su habitación duerme alguien a quien conoce muy poco, tan poco que tiene que esforzarse para recordar su nombre. Empezaba por “a”, como el antro donde se han conocido. Todo ha sido tan fácil. Se han mirado, desde sus respectivos grupos de cuerpos sudados. Ella se ha acercado y le ha pedido una copa a cambio de un secreto. Él sabía a dónde conducía todo aquello pero se ha dejado llevar por la eterna ceremonia. Al fin y al cabo mientras dura la escena todo llega a parecer real, la emoción y la adrenalina se disparan y las drogas hacen el resto. Tiende a regocijarse en esa fase casi perfecta que supone la seducción. A posteriori siempre piensa que es un modo de garantizar un rato muy agradable por si el sexo que viene después está vacío.

Sigue lloviendo a cántaros. Hay días en que no apetece enfrentarse a cosas importantes, en que lo único que me mueve es ejercer la libertad de no elegir, de dejar que las cosas caigan por su propio peso, como la lluvia, como el mecanismo más sencillo de todos, el reloj de arena. Apetece volver a la cama y abrazarse a ese calor tan de mentira, sin hacer preguntas. Si pudiéramos apagar el sol durante unos días (que absurdo), y volver a salir a la calle por puro aburrimiento, o porqué ha dejado de llover y apetece olfatear el asfalto. Vuelvo a los mecanismos limpios, a la lluvia que cae, al fin de las preguntas sin respuestas.

Han salido de la discoteca con prisa y han parado un taxi, siempre es parecido. Él, egoístamente, ha propuesto ir a su casa y la ha comprado con una botella de Hendrick’s que descansa en su mueble bar y unas rodajas de pepino. Han escandalizado al taxista, solo porqué siempre le ha parecido divertido intentar escandalizar a un gremio que tiene más tiros pegados que nadie, cree que un día lo conseguirá. Y después lo de siempre, o algo parecido. Cambian las costumbres, la ropa interior, el bello púbico rasurado o la costumbre de gritar o la ausencia de ella. Más o menos timidez, más o menos perversión y un factor X difícil de aislar que acaba provocando que dos personas encajen desnudas o no. Es una extraña combinación entre pudor, experiencia, cantidad de alcohol ingerido y estado de ánimo en general o incluso culpabilidades disipadas en mayor o menor medida por la descontextualización espacio/moral.

Y sigue lloviendo, y el agua de la botella que nunca es suficiente. Y la duda entre volver a la cama o acabar la noche en la ventana pensando en aguaceros que limpian mecanismos. Y la cama ocupada.
Piensa que mañana por la mañana bajará a comprar el periódico y a tomar su café con poco azúcar. Puede que ya no llueva, puede que la perfecta rutina del desayuno le devuelva las ganas de decidir, o puede que no.
Puede que llueva, puede que mañana si que pase algo importante.

O puede que no.
O puede que no quiera.

08 marzo, 2011

A vosotros malnacidos


                                    "Mas al recordar otra vez que había sido despreciado y abandonado por ellos, acometíame de nuevo la rabia,
 e incapaz de volcarla sobre seres humanos,
 hacía destinatarios de ella a las cosas inanimadas."

Frankenstein o el moderno Prometeo M.Shelley



Cuando sembrasteis el mundo de tornillos
y soldasteis el techo bajo el cielo.
Cuando llenasteis las calles de silencios
pesados como cadáveres.
Cuando asesinasteis la opción de dudar,
los suspiros, el hipo y el sudor.
Estábamos allí malnacidos.

Cuando sellasteis los mejores labios,
plantasteis un vigía por quiosco,
un cepo por peatón y una aguja en cada libro.
Cuando vertisteis la moral venenosa
en cada barril de libre albedrio,
y aplicasteis la picana al amor verdadero.
Alguien vigilaba.

Gritasteis desde vuestros templos,
desde vuestra tierra prometida,  
y brindasteis por el botín y por el fin de la historia.
Mercadeasteis con valores sobre suelos de madera.
Del embrutecido rito de arrasar primaveras
vendéis manuales con sonido envolvente.
Cuando accionasteis la palanca,
alguien escuchaba malnacidos.

Es peligroso enterrar la caja de pandora entre cadáveres,
ahora que los muertos hablan.
Tenemos ojos, oídos, una pluma,
y la atávica rabia de los esclavos.
Tenemos veneno sobrante y mucha paciencia,
susurros en red y perseverancia.
Tenemos la lista de vuestros pecados,
y otra limpia con ensoñaciones,
con siglos de cuentos truncados a medias,
con ganas de amor entre los papeles.
Tenemos la llave del  ropero,
donde descansan intactos todos los libros.
Y vuestras armas malnacidos
y nuestro verbo.

Tenemos vino a raudales para celebrar el día.
Para dormir de noche a pierna suelta sobre las cenizas de vuestro serial.
Se acaba el invierno y la ceguera,
Nuestro olvido y vuestra carrera.
Tenemos rabia,
y tenemos prisa malnacidos.

31 diciembre, 2010

Horas, minutos, segundos...


Este año no habrá balances, no habrá propósitos, ni siquiera buenas intenciones. Quedará como una cápsula temporal digna de estudio para las generaciones venideras. Precintaremos los últimos 365 días y los guardaremos entre los túneles de una mina de sal.

Rescataremos, eso sí, todo lo escrito y todo lo dicho, todo quedó grabado en las cajas negras de la nave. En las próximas semanas procederemos a la transcripción y análisis de las conversaciones en cabina.

Seguiremos retransmitiendo en Morse por el canal de emergencia, por si alguno de los que decidieron lanzarse en paracaídas quisieran volver a la isla. Cada tarde a la misma hora encenderemos las hogueras y lanzaremos una bengala por si aun fuera posible.
Hemos rescatado unos fracs de la bodega de equipajes y algunas botellas.

Este año no habrá balances...

Unas copas y algunos deseos tal vez.

14 diciembre, 2010

Nocturnos XXXIII



      
La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan inso
mne
como recién salidas de un naufragio de sangre.
                                    F. García Lorca de "Poeta en Nueva York"


Enrique Morente – La Aurora De Nueva York


Suena una y otra vez en la taberna, Alguien hace años la cantó por aquí y nos dejó a todos enamorados. personalmente creí de verdad aquella noche de verano que me había vuelto loco por ella, al escuchar uno de mis poemas preferidos de Federico en sus labios y con aquella voz dulce. Luego nos hizo callar a carcajadas mientras daba pequeños sorbos al vino y nos contaba que el mérito era de ese otro maestro que hoy ha salido en el noticiero. 
Devoramos todo el disco, y luego el siguiente, releímos a Miguel Hernández, a Alberti y a tantos otros desde su garganta con una nueva fuerza. 
Hoy suena una y otra vez.


Parece que ha refrescado esta noche...

12 diciembre, 2010

El plan establecido



Sara, o la chica Hall necesita un principio. Me lo ha dicho entre cervezas y le he prometido un nuevo plan que reemplace al caduco. Creo firmemente que los malditos también  encontraremos nuestro propia e inestable felicidad.

El plan perfecto, el que no tenga fisuras. He pensado durante mucho rato en Sara, su risa y mi plan, y de pronto me ha venido a la mente, sin avisar, la imagen del todavía joven Doinel. Se pasa la adolescencia corriendo y encajando derechas, pero al final del film tiene un momento casi profético. Huyendo llega al mar y de pronto Jean-Pierre Léaud se gira y mira a cámara. En esta maravillosa transgresión cinematográfica que me ha hecho gastar ratos boquiabierto ante la pantalla, Antoine nos dice que tiene un plan.

Mi plan se parece a ese adolescente convertido en sabio, mi plan es caótico, poco predecible y no se sustenta en ninguna estadística. Es revolucionario en el sentido más subversivo y a la vez sabremos conformarnos con los márgenes del escenario. Mi plan incluye extrañas bebidas de color verde, substancias de dudosa legalidad y requiere una comprensión de moral relajada. Se parece a los mapas del tesoro con manchurrones de ron y una gran cruz totalmente desproporcionada.

Mi plan se susurra al oído, para que no sea demasiado público y se grita a los cuatro vientos en los días eufóricos. Huele a risas de arrabal, a humor negro y tiene una niña en una esquina con cara de loca que mira como suenan las guitarras. Es una imprudencia de magnitud faraónica, no lo recomendaría ni el doctor de cada diez que aconseja comer chicle con azúcar. Es imperfecto, poco respetuoso con el medio ambiente y políticamente incorrecto. 

Es el único modo que se me ocurre para subvertir el estado de todas las cosas hasta que se parezcan a lo que nos hace vibrar. Es emocionante y tiene largos anexos a rellenar en noches de vino y risas. No está documentado ni será publicado, pero aprenderemos hasta la última letra.

Mi plan se parece mucho a ti…

09 diciembre, 2010

Nuit brouillée, nuit claire







Arañazos en la espalda y la mente algo nublada, una mesa bien poblada por mentes afiladas. Bebíamos y charlábamos, íbamos desgranando la noche. Evidentemente la risa potente de Jorge sobresalía de vez en cuando entre el humo y yo me sentía feliz de compartir palabras y gestos con gente como aquella. Que nadie malinterprete, no son delirios de grandeza, más bien todo lo contrario. El saber y la complejidad no necesitan ser publicitados, simplemente se dan, en lugares como aquella mesa, como una geometría casual y perfecta. La conversación iba de lo banal a lo más esencial, a ratos parecía que tocábamos el sentido último de la vida con la punta de los dedos y a los cinco minutos nos parecía que precisamente era perdiéndonos en los detalles como resolveríamos el misterio.


No hay porque esconderlo, varias substancias yacían sobre la mesa, cada cual elegía la suya, incluso este tema engendró una acalorada discusión entre el fotógrafo y el escritor. Alguien dijo que no era necesario esconder el hecho creativo tras alteraciones del estado perceptivo, incluso aseguró que eso solo denotaba cobardía en un artista, un pretexto para no mostrarse entero y verdadero frente al soporte, sea cual fuere. Rápidamente el pintor y el poeta saltaron encendidos a defender el caminó hacía la belleza por si mismo, aunque este necesite de catalizadores químicos. Y hablamos de Poe, de las amapolas y del vino barato de Bukowski. Apareció Syd Barrett y con él la idea de que el trance creativo domine al creador. Hablamos de la soledad del visionario y del dolor intenso que podía llegar tras alcanzar la cumbre creativa.  

A todos nos encantaba aquel bar afrancesado del barrio viejo y decidimos que esta reunión fuera la primera. De algún modo nos sentíamos reflejados los unos en los otros y nos enternecía este modo de tener razón todo el rato y no tenerla a la vez.
Tal vez el pico de la noche llegó cuando la actriz llenó de elogios al poeta y le preguntó como era capaz de tal verborrea, casi improvisada, tantas palabras y tan bien elegidas.  Al escuchar la pregunta el escritor interrumpió. – No tiene mérito alguno, lo único que hace es dejar la mente en blanco y echar todo lo que llega, tal cual. Vaciar palabras, eso es la poesía, la literatura, todos podemos hacerlo.  Y quien no puede hacerlo es por miedo o peor, porque esta vacio por dentro o lleno de aire.

¡Vacío!  En un primer momento la reflexión me pareció dura y bastante pedante por su parte, pero tengo que reconocer que al rato me asusté al sentir que en parte estaba de acuerdo con él.

Y seguimos escuchando música francesa…

01 diciembre, 2010

Nocturnos XXXII


“Hay seres, muy pocos, que respiran Vida”

Me habría quedado toda la noche en esa silla, en ese bar, casi sin moverme. Toda la noche mirando el espacio que has dejado al otro lado de la mesa. Te has levantado, te has puesto ese abrigo precioso y me has mirado con una mezcla de pena y de fuerza.

Me habría quedado toda la noche jugando a que acabas de marcharte, a que todavía flotas en el aire. Has recogido el tabaco y el bolso y simplemente has puesto un punto de sutura en mi historia.

Me habría quedado toda la vida en ese bar, si pudiera, solo por no salir sin ti por la puerta.

21 noviembre, 2010

Ella ( I )


-Llueve sobre mojado-. Es lo único que piensa al sentir como la lluvia les resbala por el pelo tras el portal. Huye por enésima vez de la posibilidad de ser feliz. Se ha vestido hábilmente sin hacer ruido y ha tomado café mientras veía llover por la ventana. Luego, como tantas otras veces ha sentido la tentación de volver a la cama, abrazarse al chico del barrio viejo e imaginar fechas señaladas y domingos por la tarde bajo manta. Estos impulsos siempre crecen cuando llega el invierno y siente que esta mañana es más fría de lo normal. Ha llegado a entrar en la habitación, pero al intuir la silueta debajo del nórdico ha sentido un vacío monumental en la boca del estómago y el pánico la ha paralizado un instante. Solo ha quedado recoger el abrigo y la cartera y salir de aquella casa sin hacer ruido.

Siempre que llueve siente contradictoriamente. Se le mezclan los recuerdos y de algún modo intoxican su percepción del contexto. De pronto se siente aun como una niña pequeña y le da por volver a pisar charcos con fuerza, para luego ver como el agua lentamente vuelve a su estático equilibrio. Siente la necesidad de cogerse de una mano caliente y fuerte que la lleve por las calles empapadas pero al mismo tiempo se siente más valiente  que nunca. Una pequeña heroína al estilo de “la Mome Piaf”. Odia los paraguas tanto como el frio, y siempre acaba con el pelo empapado sobre la cara.

Curiosamente para ella los días de lluvia son como nudos de una cuerda temporal que podrían explicar a grandes rasgos su vida. Casi todas las cosas intensas le habían sucedido bajo un aguacero.

Si al menos pudiera quitarse de encima este maldito miedo. Meterse la mano en el pecho y arrancarlo como si fuera un moco pegajoso, lanzarlo lejos y mirar a los ojos a la primera persona que pasara a su lado como recién renacida. Pero ha llegado a la conclusión que el miedo es inherente a su condición de “Viviente”. Mientras pensaba en todo ello ha notado como se le empapaba el calcetín, para comprobar que sus viejos zapatos deberían pasar pronto a mejor vida.

Ha sido la gota que ha colmado el vaso, y se ha refugiado en el primer bar con una lágrima en la mejilla y la intención de desaparecer un rato del mundo tras un libro y un cortado muy caliente.

No soporta las puertas que tintinean, no soporta sentir de pronto todas esas miradas. No soporta que la única mesa libre esté al fondo del bar. No soporta tampoco que el calor repentino le sonroje las mejillas y consiga que le ardan las orejas. No soporta…

Y lo ha visto a la segunda, el periódico, el café, el cigarro sus ojos, su deliciosa cara de susto y esa profundidad en la mirada.

Con toda esa lluvia fuera.

12 noviembre, 2010

Cosas de locos X

Jose Masiques (Composición)



El pintor de las mujeres soles
abandonado en su empecinada claridad.
Hizo su último viaje ya muy solo
sobre el Atlántico
y fue sepultado cuando llegó.


El pintor brilloso como la Luna
con su pelo largo con su barba culta de polvo.
Escupió al cangrejo desde un dibujo
y le puso fecha a su despedida.
Y siguió queriendo aunque no fue amado
ni como ser humano.
Y siguió aprendiendo el camino de la soledad
en todo momento.


Y se fue entre ceras alucinantes
con su pelo largo con su barba culta de polvo.
Descargando gritos sobre las almas
mientras los beatos se persignaban
y el no tuvo iglesias
pero algo de altares al amor
hubo entre sus lienzos.
Y en la fantasía iba platicando su viaje
hacia el universo

El pintor de las enredaderas de luz escribió
sus últimos signos con triste desesperación
Y dejó sus restos a los amigos
y dejó sus restos a los amigos
pidiéndole sólo paredes para sostenerlos
pidiéndole sólo paredes para sostenerlos.


Silvio Rodríguez, 1968

10 noviembre, 2010

Haiku I







Una mañana
tumbada en el sofá
huele a café

08 noviembre, 2010

Él ( I )



Lo verdaderamente fascinante de aquel barrio era la amalgama de capas que la historia había ido apilando en sus calles. Los lugares cargados de grandes efemérides, como la esquina donde caían anarquistas a manos de los pistoleros de la patronal, hoy eran testigos de transacciones, un mercado de menudeo de dudosa legalidad. Los antiguos palacetes ocupados otrora por aquella burguesía urbana que poco a poco fue abandonando el masificado centro de la ciudad, convertidos en templos de modernidad o abarrotados de garitos que intentan hacerse un hueco en el panorama caprichoso del ambiente urbanita.  

Y de repente se para el nauseabundo e implacable reloj de la historia donde a este narrador le viene en gana. Concretamente en una mañana de otoño, justo en ese punto del año en que no hay otra que asumir el frio y la humedad, abandonando las terrazas y las islas a su merced.

Hasta el periódico parece mojado encima de la mesa. Un poco de azúcar y remover el primer combustible amargo del día. Saborear con cierta rutina el croissant y contrastarlo con el café para encender ese primer cigarro que de algún modo sabe a reconciliación con el mundo. Por un instante el sistema parece perfecto, no hay fisuras en ese pequeño mundo de costumbre que necesita para empezar el día. La manía de leer el diario al revés, la necesidad de no mojar nada en el café evitando molestos tropezones y la seguridad de que antes de llegar a Internacional alguna noticia le va a encender por un momento los ánimos.  La perfección en formato matutino.
Suena el tintineo de la puerta y al levantar la vista del diario la ve. Querría no haberlo hecho, querría retroceder unos instantes y seguir con su liturgia mañanera. Pero ya no hay vuelta atrás, ha levantado la vista y al cruzar los ojos con aquella mujer de cabellos mojados sabe que ya nada va a permanecer estático en su cabeza.  Siente un escalofrío en el cogote y un cierto desorden en su mente.

Sabe que los días de figuración han acabado en aquel preciso instante y eso le provoca una mezcla de nervios y emoción. Que peligrosa, piensa, la emoción.

27 octubre, 2010

Cosas de locos IX




El otro día aparecieron unos tipos en la taberna. Tres de ellos cámara al hombro buscaban por los rincones, miraban con curiosidad este antro de antros. El cuarto llevaba una libreta en la mano y los dedos endurecidos de escribir verdades.
Hay que estar muy loco para llenar la mochila de película e internarse en el camino. La locura termina cuando empieza el relato. No hay nada de loco en el asesinato sistemático del más débil, nada bello, más bien vacío. La cordura fría e implacable del narco, del dólar y de la cadena perversa de la complicidad.
Nos recordaron a Galeano, sus fotos estaban repletas de nadies, de mercancía, le pusieron nombre y apellido a aquellos que valen menos que la bala que los mata.

Se tomaron un vino rápido y se fueron con prisa, una prisa casi obsesiva por mostrar, por ir abriendo ojos, porque el riesgo no es por belleza, no es un hecho artístico, y por eso su gran obsesión. La utilidad.

Una imagen vale más que mil palabras. Una palabra más que mil fotos. Pero que imagen y que palabra…

El camino está cabrón.

Decían.




Foto: "En el Camino"
Toni Arnau, Edu Ponces y Eduardo Soteras.

23 octubre, 2010

Efímeros XIII







En tanto que finitos
nos dedicamos a los vértices.
En tanto que complejos
nos dedicamos a la belleza.
En tanto que obtusos
nos volcamos en la palabra.

Mojado el suelo, alejados ya los truenos,
invertidos los tiempos del deseo,
descoyuntados los ángulos y las prisas.

Necesitados de una nueva física,
las palabras se alejan con los vértices.

Solo el tacto nos sirve ya como guía.
Solo en el tacto la palabra.
Solo en el tacto la belleza.

05 octubre, 2010

Cosas de locos VIII



Hoy he recordado algo y al contarselo a Jorge ha decidido que era una tontería, pero una tontería nada tonta y cargada de belleza. Y así hemos inaugurado un nuevo concepto.

El recuerdo era sencillo, nos habíamos olvidado del tiempo y casi descubrimos que es una bonita manera de pararlo. Al cabo de las horas aun era de día, o tal vez volvía a ser de día y en la terraza la temperatura era casi perfecta.



 - ¿Me ayudarás a cambiar el mundo?

- Hecho

- Así será mucho más fácil.




Nunca nada me había parecido tan tonto y tan real.






Luego hicimos café para empezar...

04 octubre, 2010

Lo que Stendhal nunca contó sobre la Belleza o la teoría del péndulo


Extraña cosa la Belleza, puede letargar durante siglos, puede ser la más alta de las ternuras o tornarse la más vil de las armas arrojadizas. Hoja de doble filo, se presenta a veces con lengua bífida y ojos encendidos. Puede acunarte entre sus angulos y llegar a producir vértigo, puede marear de intensidad.
La pretendida belleza puede ser también un cliché de imágenes bonitas que son lanzadas a modo de bomba incendiaria. Una numeración de lugares comunes perfectamente alterados (en su punto justo, huyendo de la evidencia) con el objetivo, tal vez, de generar algo. Porque algo és la clara antítesis de la nada, y la nada és la única cosa que gana en vértigo a la belleza. Porque sabemos que en el único espacio que no existe vibración alguna és en el espacio vacío.
Pueden existir incluso batallas de belleza, guerras interminables de fraseos eloquentes. Como un tablero gigante de ajedrez con piezas de marfil. Cualquier cosa vale, supongo, para salvarse del vacío. Pero en tiempos de paz no hay nada peor que entrar al trapo de una flor con espinas sin nota firmada.

Desde un terrado de tiempos nuevos y algo mareado por el vino blanco y la belleza, siento calma y me permito reirme un momento de la gente que pasea por la Rambla, parecen hormiguitas desde esta altura, como si todo fuera ya poco importante. Y recuerdo unas palabras que Galeano dedicaba a las hordas civilizantes:


Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien.

Y sentenció:

Pero rasca donde no pica

03 octubre, 2010

Nocturnos XXXI






Dejarse arrastrar al antro más oscuro de la ciudad, notar el calor suspendido en el aire, cientos de cuerpos alrededor moviéndose al unísono de un marcado bombo. Perderse entre olor a noche y sentirse hipnotizado por movimientos convulsos pero rítmicos. Saborear la copa y sentir frio en los labios, volver desenfocado y vibrante el contexto. Declararte amor eterno a gritos sin dejar de mirarte, protegido por la música, a sabiendas que el volumen no deja que oigas ni una palabra.
Sonríes y te acercas.

28 septiembre, 2010

La Taberna en Huelga...





Jorge cerraba la puerta de la taberna un poco antes de media noche. Nos hemos reunido todos en la puerta y hemos leído unos versos de Celaya alentando a gritar que no solo aborrecemos la línea que está tomando todo esto y sabemos que nos lleva al desastre si no que tenemos un esbozo suficientemente claro  de la nueva vida, con sus hombres nuevos.
Lo bello de un dia de lucha (ha dicho Jorge) es que la poesía vuelve a las calles…
Y nos hemos ido todos juntos a intentar cerrar todo lo que podamos.

29-S

EN GRÈVE