31 marzo, 2011

Él (II)


Todas las cosas importantes me pasan cuando llueve, pero no siempre que llueve me pasan cosas importantes. Sería bonito decidir cuando tienen que ser los puntos de inflexión, cuando los llantos, cuando los aprendizajes, cuando los flechazos y hasta las enfermedades (aunque puede que en realidad todo vaya un poco de la mano). Supongamos que la lluvia está limpia, que se abre una compuerta y deja pasar el aguacero por dentro. Todos los mecanismos se limpian, las correas, los engranajes, las válvulas y ese extraño sistema hidráulico que provoca vuelcos en el corazón cuando pasa algo bello, cuando confundimos la emoción con una vibración fantasma del móvil en el bolsillo.

Está sentado al lado de la ventana, dejando su mente al libre albedrío, con una botella de dos litros rellenada de agua fresca a la que da breves sorbos para prevenir la resaca en unas horas. En su habitación duerme alguien a quien conoce muy poco, tan poco que tiene que esforzarse para recordar su nombre. Empezaba por “a”, como el antro donde se han conocido. Todo ha sido tan fácil. Se han mirado, desde sus respectivos grupos de cuerpos sudados. Ella se ha acercado y le ha pedido una copa a cambio de un secreto. Él sabía a dónde conducía todo aquello pero se ha dejado llevar por la eterna ceremonia. Al fin y al cabo mientras dura la escena todo llega a parecer real, la emoción y la adrenalina se disparan y las drogas hacen el resto. Tiende a regocijarse en esa fase casi perfecta que supone la seducción. A posteriori siempre piensa que es un modo de garantizar un rato muy agradable por si el sexo que viene después está vacío.

Sigue lloviendo a cántaros. Hay días en que no apetece enfrentarse a cosas importantes, en que lo único que me mueve es ejercer la libertad de no elegir, de dejar que las cosas caigan por su propio peso, como la lluvia, como el mecanismo más sencillo de todos, el reloj de arena. Apetece volver a la cama y abrazarse a ese calor tan de mentira, sin hacer preguntas. Si pudiéramos apagar el sol durante unos días (que absurdo), y volver a salir a la calle por puro aburrimiento, o porqué ha dejado de llover y apetece olfatear el asfalto. Vuelvo a los mecanismos limpios, a la lluvia que cae, al fin de las preguntas sin respuestas.

Han salido de la discoteca con prisa y han parado un taxi, siempre es parecido. Él, egoístamente, ha propuesto ir a su casa y la ha comprado con una botella de Hendrick’s que descansa en su mueble bar y unas rodajas de pepino. Han escandalizado al taxista, solo porqué siempre le ha parecido divertido intentar escandalizar a un gremio que tiene más tiros pegados que nadie, cree que un día lo conseguirá. Y después lo de siempre, o algo parecido. Cambian las costumbres, la ropa interior, el bello púbico rasurado o la costumbre de gritar o la ausencia de ella. Más o menos timidez, más o menos perversión y un factor X difícil de aislar que acaba provocando que dos personas encajen desnudas o no. Es una extraña combinación entre pudor, experiencia, cantidad de alcohol ingerido y estado de ánimo en general o incluso culpabilidades disipadas en mayor o menor medida por la descontextualización espacio/moral.

Y sigue lloviendo, y el agua de la botella que nunca es suficiente. Y la duda entre volver a la cama o acabar la noche en la ventana pensando en aguaceros que limpian mecanismos. Y la cama ocupada.
Piensa que mañana por la mañana bajará a comprar el periódico y a tomar su café con poco azúcar. Puede que ya no llueva, puede que la perfecta rutina del desayuno le devuelva las ganas de decidir, o puede que no.
Puede que llueva, puede que mañana si que pase algo importante.

O puede que no.
O puede que no quiera.

3 comentarios:

Joanaina dijo...

Hay camas que no deberían vaciarse nunca... :)

Lisarda dijo...

Después de una noche así, todo guarda el sabor del pasado reciente, el GPS sentimental anticipa los posibles caminos y una voz íntima te dice "sigue eligiendo tu propia aventura".

Hermoso relato, espero que haya un "continuará".
Saludos,
Ignacio

Albert Cobacho dijo...

Muchas gracias!
Si, la verdad es que hay un continuará, de hecho hay unos cuantos :)