03 septiembre, 2010
01 septiembre, 2010
Algunas condiciones irrenunciables.
30 agosto, 2010
25 agosto, 2010
24 agosto, 2010
no andar ciertas calles,
olvidar que fue mío una vez cierto libro.
O hacer la canción”
21 agosto, 2010
08 agosto, 2010
Retal
Soy un principiante de la vida,
un tahúr en rebeldía.
Pobreza que sube al gobierno,
canción de cementerio.
Virrey de las uñas rotas,
de tocar calabazas huecas.
Soy circense por naturaleza,
payaso con mal de altura.
Una carpa hecha girones,
con hojas muertas por sutura.
Atorrante en un ministerio,
Gladiador de arena mojada,
caballero de la mancha
vestido de hojalata.
Un soplo de aire del norte
en una mañana de agosto.
05 agosto, 2010
La casualidad…
-El mar detrás de ti. El mar detrás de ti- Repetía Nacho para si. Lo encontré sentado en una mesa con la mirada perdida y una sonrisa socarrona. Al acercarme me contó que el día anterior alguien se sentó a su lado en la barra y sin presentación alguna le sonrió. Tras un rato mirándolo dijo: - ¿No te parece que agosto tiene los días más azules del mundo?
Más tarde consultando su correo, vio que un amigo lejano le había escrito para recomendarle una película que tenía por título “Días azules”
Esa misma noche se dejó animar para celebrar el verano en un garito cerca de la playa y al entrar sonaban los acordes de la canción. Se entrego a las sonrisas y a la noche. Pensó que el universo le estaba contando algo al oído, aunque de momento no entendiera del todo su significado.
Esta mañana al despertar ha añadido hielo a su café amargo y ha salido a la terraza, ha podido ver el cielo más azul que recuerda.
Ha vuelto a sonreír...
18 junio, 2010
Al pasar esta mañana delante de la taberna me he encontrado a un Jorge fuera de si, blasfemando y profiriendo toda clase de maldiciones. Entre confusos ruidos onomatopéyicos he entendido lo siguiente:
- Serás cabrón! Eso no se hace, morirte así, de pronto. Como si andáramos sobrados de referentes. Joder! El mundo ya está suficientemente lleno de mugre, como para permitirnos el lujo de prescindir de las plumas buenas. Te has ido sin explicarnos como se hace! Como se mantiene la cabeza alta y la coherencia en estos tiempos de joroba, de utopías borrosas.
Me he sentado delante suyo, en silencio (En momentos así, no hay palabra que calme a Jorge, lo mejor es esperar). Él se ha callado y se ha quedado absorto, mirando el cielo, hoy de un azul absurdo.
Al cabo de un rato, y sin responder a ningún estímulo determinado, Jorge ha vuelto a hablar. Esta vez de modo mucho más pausado y reflexivo.
- Siempre me han fascinado de modo especial los escritores que son pueblo. Esa rara especie de literatos que vienen de la nada, que son autodidactas entre académicos. Que han tenido que arrancarle su sabiduría a las bibliotecas públicas robándole tiempo al sueño. Que leían a Pessoa en los ratos libres de un trabajo mal pagado pero necesario para sobrevivir. Porque sienten la miseria como algo propio y ya nunca podrán desclasarse.
Poetas que primero fueron cabreros. Novelistas que antes fueron labradores, que desayunaron opresión, y a la hora de la cena, aquel lejano abril, levantaban el clavel en el puño por encima de los demás, porque nadie puede entender tan bien la alienación como quien la ha vivido en su propio sudor.
De pronto Jorge empieza a hablarme mirándome a los ojos, pero tengo claro que todavía no se ha dado cuenta que estoy delante suyo. No es a mi a quien habla.
- Compañero, se que eras tan ateo como yo. Pero ahora solo puedo imaginarte en la mesa de un café lisboeta, sonriente. Discutiendo relajadamente pero con esa tensión de los que buscan a cada momento la contradicción primera. Rodeado de los buenos, ya sabes, de los poetas del pueblo...
Jorge levanta la taza de café negro (y sin azúcar), y brinda conmigo al aire…
Hasta siempre compañero.
04 junio, 2010
Gritarle al mar desde un espigón no solo es un acto de belleza. También resulta como desinfectante. Es como una hoguera de San Juan. Que el fuego consuma la ansiedad y la arena sucia de impaciencia y que queden las cenizas y el aire fresco lleno de sal.
Gritarle al mar desde un espigón es un acto de amor.
Y ahora hay paz.
11 marzo, 2010
Amor estacional
El hombre del tiempo también sufre hasta que llega la primavera.
Las bajas presiones le hacen temblar y con los frentes fríos languidece.
También la primavera le acelera el puso.
Estudia las isobaras buscando donde agarrarse, mira al cielo con miedo y siente pena al ver como los cumulonimbos amenazan con descargarse sobre las aceras enmohecidas.
Los anticiclones puntiagudos le cosquillean la garganta.
El hombre del tiempo quiso ser poeta.
En clase lo ninguneaban por oler el asfalto tras la lluvia, por quedarse tonto mirando al cielo.
El hombre del tiempo quiso ser poeta.
Un invierno se le atravesó la lluvia en un ventrículo, y ya vivió obsesionado con predecir ese frio.
El hombre del tiempo quiso ser poeta,
Pero también sufre de amores.
19 enero, 2010
13 enero, 2010

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.
de "El juego en que andamos"
04 enero, 2010
Anoche llegué a la taberna y me encontré con Ana sentada en una mesa, cerca del escenario observando una guitarra muda y con ojos tristes. Me contó que le invadía un sentimiento de culpa, que era muy propensa a él, y que no podía evitarlo. Yo intenté disuadirla de la mala conciencia, le dije que la culpa era estéril y que nos encadenaba a una vida de caminos rectos, sin conflicto pero sin una sola curva. Ella me dio la razón, pero argumentó que dos mil años de cristiandad no se borraban de un plumazo.
Acordamos que ante la imposibilidad de asesinar la culpa podíamos hacerle sentir vergüenza mostrándole su antítesis. Salimos al frio de la calle y nos tumbamos sobre el asfalto para blasfemar a gritos, recitando a un maldito.
Con el corazón algo más ligero entendimos que un acto de belleza, aunque sea puro autoconsumo y vacio de utilidad sirve también para romper las ataduras con la moral colectiva.
Y nos despedimos, prometiéndonos una noche de vino y conversación sesuda, y quien sabe, tal vez un acto de belleza, con la profunda convicción de que no servirá absolutamente de nada para el progreso colectivo, pero nos sentiremos un poco más vivos.
A veces la Vida por si sola ya vale la pena…
Nos quedamos unos minutos escuchando a Nacho disculparse, y Jorge interrumpió con algún tema importante, sin ningún cuidado.
Que falta de tacto.

