21 agosto, 2010
08 agosto, 2010
Retal
Soy un principiante de la vida,
un tahúr en rebeldía.
Pobreza que sube al gobierno,
canción de cementerio.
Virrey de las uñas rotas,
de tocar calabazas huecas.
Soy circense por naturaleza,
payaso con mal de altura.
Una carpa hecha girones,
con hojas muertas por sutura.
Atorrante en un ministerio,
Gladiador de arena mojada,
caballero de la mancha
vestido de hojalata.
Un soplo de aire del norte
en una mañana de agosto.
05 agosto, 2010
La casualidad…
-El mar detrás de ti. El mar detrás de ti- Repetía Nacho para si. Lo encontré sentado en una mesa con la mirada perdida y una sonrisa socarrona. Al acercarme me contó que el día anterior alguien se sentó a su lado en la barra y sin presentación alguna le sonrió. Tras un rato mirándolo dijo: - ¿No te parece que agosto tiene los días más azules del mundo?
Más tarde consultando su correo, vio que un amigo lejano le había escrito para recomendarle una película que tenía por título “Días azules”
Esa misma noche se dejó animar para celebrar el verano en un garito cerca de la playa y al entrar sonaban los acordes de la canción. Se entrego a las sonrisas y a la noche. Pensó que el universo le estaba contando algo al oído, aunque de momento no entendiera del todo su significado.
Esta mañana al despertar ha añadido hielo a su café amargo y ha salido a la terraza, ha podido ver el cielo más azul que recuerda.
Ha vuelto a sonreír...
18 junio, 2010
Al pasar esta mañana delante de la taberna me he encontrado a un Jorge fuera de si, blasfemando y profiriendo toda clase de maldiciones. Entre confusos ruidos onomatopéyicos he entendido lo siguiente:
- Serás cabrón! Eso no se hace, morirte así, de pronto. Como si andáramos sobrados de referentes. Joder! El mundo ya está suficientemente lleno de mugre, como para permitirnos el lujo de prescindir de las plumas buenas. Te has ido sin explicarnos como se hace! Como se mantiene la cabeza alta y la coherencia en estos tiempos de joroba, de utopías borrosas.
Me he sentado delante suyo, en silencio (En momentos así, no hay palabra que calme a Jorge, lo mejor es esperar). Él se ha callado y se ha quedado absorto, mirando el cielo, hoy de un azul absurdo.
Al cabo de un rato, y sin responder a ningún estímulo determinado, Jorge ha vuelto a hablar. Esta vez de modo mucho más pausado y reflexivo.
- Siempre me han fascinado de modo especial los escritores que son pueblo. Esa rara especie de literatos que vienen de la nada, que son autodidactas entre académicos. Que han tenido que arrancarle su sabiduría a las bibliotecas públicas robándole tiempo al sueño. Que leían a Pessoa en los ratos libres de un trabajo mal pagado pero necesario para sobrevivir. Porque sienten la miseria como algo propio y ya nunca podrán desclasarse.
Poetas que primero fueron cabreros. Novelistas que antes fueron labradores, que desayunaron opresión, y a la hora de la cena, aquel lejano abril, levantaban el clavel en el puño por encima de los demás, porque nadie puede entender tan bien la alienación como quien la ha vivido en su propio sudor.
De pronto Jorge empieza a hablarme mirándome a los ojos, pero tengo claro que todavía no se ha dado cuenta que estoy delante suyo. No es a mi a quien habla.
- Compañero, se que eras tan ateo como yo. Pero ahora solo puedo imaginarte en la mesa de un café lisboeta, sonriente. Discutiendo relajadamente pero con esa tensión de los que buscan a cada momento la contradicción primera. Rodeado de los buenos, ya sabes, de los poetas del pueblo...
Jorge levanta la taza de café negro (y sin azúcar), y brinda conmigo al aire…
Hasta siempre compañero.
04 junio, 2010
Gritarle al mar desde un espigón no solo es un acto de belleza. También resulta como desinfectante. Es como una hoguera de San Juan. Que el fuego consuma la ansiedad y la arena sucia de impaciencia y que queden las cenizas y el aire fresco lleno de sal.
Gritarle al mar desde un espigón es un acto de amor.
Y ahora hay paz.
11 marzo, 2010
Amor estacional
El hombre del tiempo también sufre hasta que llega la primavera.
Las bajas presiones le hacen temblar y con los frentes fríos languidece.
También la primavera le acelera el puso.
Estudia las isobaras buscando donde agarrarse, mira al cielo con miedo y siente pena al ver como los cumulonimbos amenazan con descargarse sobre las aceras enmohecidas.
Los anticiclones puntiagudos le cosquillean la garganta.
El hombre del tiempo quiso ser poeta.
En clase lo ninguneaban por oler el asfalto tras la lluvia, por quedarse tonto mirando al cielo.
El hombre del tiempo quiso ser poeta.
Un invierno se le atravesó la lluvia en un ventrículo, y ya vivió obsesionado con predecir ese frio.
El hombre del tiempo quiso ser poeta,
Pero también sufre de amores.
19 enero, 2010
13 enero, 2010

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.
de "El juego en que andamos"
04 enero, 2010
Anoche llegué a la taberna y me encontré con Ana sentada en una mesa, cerca del escenario observando una guitarra muda y con ojos tristes. Me contó que le invadía un sentimiento de culpa, que era muy propensa a él, y que no podía evitarlo. Yo intenté disuadirla de la mala conciencia, le dije que la culpa era estéril y que nos encadenaba a una vida de caminos rectos, sin conflicto pero sin una sola curva. Ella me dio la razón, pero argumentó que dos mil años de cristiandad no se borraban de un plumazo.
Acordamos que ante la imposibilidad de asesinar la culpa podíamos hacerle sentir vergüenza mostrándole su antítesis. Salimos al frio de la calle y nos tumbamos sobre el asfalto para blasfemar a gritos, recitando a un maldito.
Con el corazón algo más ligero entendimos que un acto de belleza, aunque sea puro autoconsumo y vacio de utilidad sirve también para romper las ataduras con la moral colectiva.
Y nos despedimos, prometiéndonos una noche de vino y conversación sesuda, y quien sabe, tal vez un acto de belleza, con la profunda convicción de que no servirá absolutamente de nada para el progreso colectivo, pero nos sentiremos un poco más vivos.
A veces la Vida por si sola ya vale la pena…
Nos quedamos unos minutos escuchando a Nacho disculparse, y Jorge interrumpió con algún tema importante, sin ningún cuidado.
Que falta de tacto.
10 diciembre, 2009
08 diciembre, 2009
09 noviembre, 2009
02 octubre, 2009
Efímeros VI
De lo nuevo..
“El día que no escribo se me comen las musas” Escribía Jorge en un papel justo antes de darse cuenta que se le había pasado el frio. Fue una sensación repentina, casi mística. Estaba en paz con el mundo de pronto, como no lo había estado desde hacía tanto. Pasó la ola, pasó este monzón postergado y quedaron la belleza y sus secuaces.
El hielo se derrite y la taberna abre sus puertas de nuevo una noche de otoño que parece primavera. Los habituales brindan su vino blanco por el fin de la cordura.
Y los sonreímos…
Como sonreímos…
20 agosto, 2009

Federico García
hasta ayer se llamó: polvo se llama.
Ayer tuvo un espacio bajo el día
que hoy el hoyo le da bajo la grama.
¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres!
Tu agitada alegría,
que agitaba columnas y alfileres,
de tus dientes arrancas y sacudes,
y ya te pones triste, y sólo quieres
ya el paraíso de los ataúdes.
Vestido de esqueleto,
durmiéndote de plomo,
de indiferencia armado y de respeto,
te veo entre tus cejas si me asomo.
Se ha llevado tu vida de palomo,
que ceñía de espuma
y de arrullos el cielo y las ventanas,
como un raudal de pluma
el viento que se lleva las semanas.
Primo de las manzanas,
no podrá con tu savia la carcoma,
no podrá con tu muerte la lengua del gusano,
y para dar salud fiera a su poma
elegirá tus huesos el manzano.
Cegado el manantial de tu saliva,
hijo de la paloma,
nieto del ruiseñor y de la oliva:
serás, mientras la tierra vaya y vuelva,
esposo siempre de la siempreviva,
estiércol padre de la madreselva.
¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.
Tú, el más firme edificio, destruido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.
Caiga tu alegre sangre de granado,
como un derrumbamiento de martillos feroces,
sobre quien te detuvo mortalmente.
Salivazos y hoces
caigan sobre la mancha de su frente.
Muere un poeta y la creación se siente
herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos.
Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos,
veo un bosque de ojos nunca enjutos,
avenidas de lágrimas y mantos:
y en torbellino de hojas y de vientos,
lutos tras otros lutos y otros lutos,
llantos tras otros llantos y otros llantos.
No aventarán, no arrastrarán tus huesos,
volcán de arrope, trueno de panales,
poeta entretejido, dulce, amargo,
que al calor de los besos
sentiste, entre dos largas hileras de puñales,
largo amor, muerte larga, fuego largo.
Por hacer a tu muerte compañía,
vienen poblando todos los rincones
del cielo y de la tierra bandadas de armonía,
relámpagos de azules vibraciones.
Crótalos granizados a montones,
batallones de flautas, panderos y gitanos,
ráfagas de abejorros y violines,
tormentas de guitarras y pianos,
irrupciones de trompas y clarines.
Pero el silencio puede más que tanto instrumento.
Silencioso, desierto, polvoriento
en la muerte desierta,
parece que tu lengua, que tu aliento,
los ha cerrado el golpe de una puerta.
Como si paseara con tu sombra,
paseo con la mía
por una tierra que el silencio alfombra,
que el ciprés apetece más sombría.
Rodea mi garganta tu agonía
como un hierro de horca
y pruebo una bebida funeraria.
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan una muerte diaria.
10 agosto, 2009

Tú,
tú que bajas a las cloacas donde las flores más flores son ya unos tristes salivazos sin sueños
y mueres por las alcantarillas que desembocan a las verbenas desiertas
para resucitar al filo de una piedra mordida por un hongo estancado,
dime por qué las lluvias pudren las horas y las maderas.
Aclárame esta duda que tengo sobre los paisajes.
Despiértame.
Rafael Alberti "Ascensión de Maruja Mallo al subsuelo"
25 julio, 2009
20 julio, 2009

Soy horizonte, línea divisoria de lo terrenal y lo etéreo. Mi desnudez siente el calor de la arena en la espalda y el viento silbando al recorrer mi vientre. Estirado entre el polvo y el cielo puedo escuchar el sonido casi lascivo del mundo, el agua salada filtrándose entre los granos de arena, la mar haciéndole el amor a la playa. La espuma de las olas penetrando la tierra por todos sus resquicios hasta crear un sistema perfecto, armónico.
Es justo en ese instante cuando de pronto me siento parte de ese sistema, me dejo llevar por la tierra y la brisa. Voy perdiendo lentamente las dimensiones de mi cuerpo, y durante unos instantes no soy tangible, no soy corpóreo, ni siquiera soy un concepto. Solo conservo intacta la percepción, en bruto, sin análisis, sin juicio.
Son unos segundos preciosos. Más tarde llega la conciencia y con ella la intensidad, los deseos, la poesía y el dolor.
Tengo que limpiar la sal de mi cuerpo…
16 julio, 2009
El aire en la ciudad se ha multiplicado por mil, toneladas de gases incoloros difíciles de gestionar. Los espacios se han ensanchado. Las calles, las aceras, los cuartos, todo ha crecido desmesuradamente. Todo esto ha dejado a Nacho en estado de shock, no sabe, no contesta, no sonríe ni llora. No lee los periódicos ni da cuerda al reloj.
No entiende nada…
14 julio, 2009

Las cosas feas, el mundo, no hay luna, este pegajoso mes de julio, el futuro. ¿qué futuro?
Vuelta
Lance Amstrong, la pena, ese libro mal puesto en la estantería, la novela a medio leer de Auster, los lunes negros, cerrar la taberna para siempre.
Vuelta
La incomprensión, la guitarra muda descansando, la semioscuridad, las ideas locas, el fin de la locura, la decepción, las canciones de Mecano.
Vuelta
La pena, el estómago nudo, la ventana abierta, la puerta cerrada, los imanes de la nevera no son de papel, este desorden irreversible, las postales de Tombuctú.
Vuelta
La hora de morir, el concierto del viernes, ¿qué coño hago con las entradas? Y con mis ansias?, las patas torcidas a golpes de la mesa, las sábanas feas, el sonido del toldo.
Vuelta
Aquel poema de Baudelaire, todo lo que no cabe en mil papeles, la foto arrugada debajo de la mesa, mis sandalias de verano, la playa de la isla del cuento de mi vida, las partituras por el suelo, el sonido del silencio, el ruido de la muerte.
Vuelta
Las cosas feas, el mundo, no hay luna, este pegajoso mes de julio, el futuro ¿Qué futuro?

