21 agosto, 2010


El corazón que acaba de estrenar esta compuesto de una aleación de metales con un acabado similar a la hojalata. Es importante que se acostumbre poco a poco a su uso. No intente forzarlo o podría agrietarse y latir de modo irregular. En unas semanas aprenderá a sentir y a regular las vibraciones metálicas que por ahora le pueden asustar.

No se preocupe si los primeros días se siente extraño o confuso. No tenga miedo a la tristeza, aunque por ahora sus nuevos ventrículos le parezcan frágiles, son mucho más resistentes de lo que aparentan. Solo tiene que tener paciencia y pasar de vez en cuando unos días en las islas. El aire salado y húmedo que allí se respira es beneficioso para su nuevo corazón.

Sienta, no tenga miedo a sentir, aunque estos primeros días le asuste el remolino de ruiditos metálicos y chasquidos en el pecho, es parte de los ajustes que el corazón realiza, a modo de rodaje, para adaptarse a su pecho.

También advertirle que las primeras semanas tendrá extraños sueños en blanco y negro y puede que se despierte algo aturdido, no se preocupe, es un mecanismo de protección de su subconsciente que se rebela ante la nueva situación, pero los sueños extraños irán desapareciendo.

Por último desearle que disfrute su nuevo corazón y no olvide enseñar la foto que le adjuntamos en los aeropuertos, alguien le cogerá de la mano para que su nuevo corazón no sufra más tensión de la necesaria.

Sienta, no tenga miedo...



08 agosto, 2010


Retal


Soy un principiante de la vida,

un tahúr en rebeldía.

Pobreza que sube al gobierno,

canción de cementerio.

Virrey de las uñas rotas,

de tocar calabazas huecas.


Soy circense por naturaleza,

payaso con mal de altura.

Una carpa hecha girones,

con hojas muertas por sutura.


Atorrante en un ministerio,

Gladiador de arena mojada,

caballero de la mancha

vestido de hojalata.


Un soplo de aire del norte

en una mañana de agosto.

05 agosto, 2010

Efímeros X



La casualidad…

-El mar detrás de ti. El mar detrás de ti- Repetía Nacho para si. Lo encontré sentado en una mesa con la mirada perdida y una sonrisa socarrona. Al acercarme me contó que el día anterior alguien se sentó a su lado en la barra y sin presentación alguna le sonrió. Tras un rato mirándolo dijo: - ¿No te parece que agosto tiene los días más azules del mundo?

Más tarde consultando su correo, vio que un amigo lejano le había escrito para recomendarle una película que tenía por título “Días azules”

Esa misma noche se dejó animar para celebrar el verano en un garito cerca de la playa y al entrar sonaban los acordes de la canción. Se entrego a las sonrisas y a la noche. Pensó que el universo le estaba contando algo al oído, aunque de momento no entendiera del todo su significado.

Esta mañana al despertar ha añadido hielo a su café amargo y ha salido a la terraza, ha podido ver el cielo más azul que recuerda.

Ha vuelto a sonreír...

18 junio, 2010

Pessoas entre o povo

Al pasar esta mañana delante de la taberna me he encontrado a un Jorge fuera de si, blasfemando y profiriendo toda clase de maldiciones. Entre confusos ruidos onomatopéyicos he entendido lo siguiente:

- Serás cabrón! Eso no se hace, morirte así, de pronto. Como si andáramos sobrados de referentes. Joder! El mundo ya está suficientemente lleno de mugre, como para permitirnos el lujo de prescindir de las plumas buenas. Te has ido sin explicarnos como se hace! Como se mantiene la cabeza alta y la coherencia en estos tiempos de joroba, de utopías borrosas.

Me he sentado delante suyo, en silencio (En momentos así, no hay palabra que calme a Jorge, lo mejor es esperar). Él se ha callado y se ha quedado absorto, mirando el cielo, hoy de un azul absurdo.

Al cabo de un rato, y sin responder a ningún estímulo determinado, Jorge ha vuelto a hablar. Esta vez de modo mucho más pausado y reflexivo.

- Siempre me han fascinado de modo especial los escritores que son pueblo. Esa rara especie de literatos que vienen de la nada, que son autodidactas entre académicos. Que han tenido que arrancarle su sabiduría a las bibliotecas públicas robándole tiempo al sueño. Que leían a Pessoa en los ratos libres de un trabajo mal pagado pero necesario para sobrevivir. Porque sienten la miseria como algo propio y ya nunca podrán desclasarse.

Poetas que primero fueron cabreros. Novelistas que antes fueron labradores, que desayunaron opresión, y a la hora de la cena, aquel lejano abril, levantaban el clavel en el puño por encima de los demás, porque nadie puede entender tan bien la alienación como quien la ha vivido en su propio sudor.

De pronto Jorge empieza a hablarme mirándome a los ojos, pero tengo claro que todavía no se ha dado cuenta que estoy delante suyo. No es a mi a quien habla.

- Compañero, se que eras tan ateo como yo. Pero ahora solo puedo imaginarte en la mesa de un café lisboeta, sonriente. Discutiendo relajadamente pero con esa tensión de los que buscan a cada momento la contradicción primera. Rodeado de los buenos, ya sabes, de los poetas del pueblo...

Jorge levanta la taza de café negro (y sin azúcar), y brinda conmigo al aire…

Hasta siempre compañero.

04 junio, 2010

De hogueras...






Gritarle al mar desde un espigón no solo es un acto de belleza. También resulta como desinfectante. Es como una hoguera de San Juan. Que el fuego consuma la ansiedad y la arena sucia de impaciencia y que queden las cenizas y el aire fresco lleno de sal.

Gritarle al mar desde un espigón es un acto de amor.

Y ahora hay paz.

11 marzo, 2010



Nocturnos XVII




Amor estacional


El hombre del tiempo también sufre hasta que llega la primavera.

Las bajas presiones le hacen temblar y con los frentes fríos languidece.

También la primavera le acelera el puso.

Estudia las isobaras buscando donde agarrarse, mira al cielo con miedo y siente pena al ver como los cumulonimbos amenazan con descargarse sobre las aceras enmohecidas.

Los anticiclones puntiagudos le cosquillean la garganta.

El hombre del tiempo quiso ser poeta.

En clase lo ninguneaban por oler el asfalto tras la lluvia, por quedarse tonto mirando al cielo.

El hombre del tiempo quiso ser poeta.

Un invierno se le atravesó la lluvia en un ventrículo, y ya vivió obsesionado con predecir ese frio.

El hombre del tiempo quiso ser poeta,

Pero también sufre de amores.

19 enero, 2010

Relato en ron menor III

Los últimos minutos me dedico intensamente a memorizar cada centímetro de piel, cada sonido que emites, sea en formato de gemido, de sonrisa (porque las sonrisas tambien suenan, son pequeños crujidos en las comisuras), o de sollozo. Lentamente me visto y como un ente poco terrenal recojo la ropa mientras como si de una tortura se tratara me asaltan miles de imágenes en forma de diapositivas. Arena, agua, islas, capitales, copas de vino blanco, canciones a duo, el sexo con amor, las mañanas de cinco minutos mas, las noches que no queríamos acabar, la última canción de Nacho como una broma pesada y todo un inventario de belleza que dejo para cuando no pinche tanto.

Salgo por la puerta como si tuviera que volver pronto (por poder salir sin más) y fuera la lluvia helada me da la razón. Suena el teléfono varias veces mientras camino con nombres de personas que me quieren bien pero la lluvia me ha quebrado la voz y me asalta el miedo a comprobarlo. Noto que peso muy poco y no tengo claro si es por que la calle está resbaladiza o porque me he dejado la mitad de mi mismo en tu cama. Y sigue lloviendo, y mañana por la mañana seguirá lloviendo, y tal vez encuentre un avión que me lleve lejos de mi una temporada, o tal vez me pase la vida buscando agujeros en las islas y la puesta de sol en el Hafa se convierta en el acto de belleza más triste del mundo.

Voy a tardar siglos en olvidar tu boca

13 enero, 2010


De momento...


El juego en que andamos

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

de "El juego en que andamos"

Juan Gelman

04 enero, 2010

Nocturnos XXVI

Anoche llegué a la taberna y me encontré con Ana sentada en una mesa, cerca del escenario observando una guitarra muda y con ojos tristes. Me contó que le invadía un sentimiento de culpa, que era muy propensa a él, y que no podía evitarlo. Yo intenté disuadirla de la mala conciencia, le dije que la culpa era estéril y que nos encadenaba a una vida de caminos rectos, sin conflicto pero sin una sola curva. Ella me dio la razón, pero argumentó que dos mil años de cristiandad no se borraban de un plumazo.

Acordamos que ante la imposibilidad de asesinar la culpa podíamos hacerle sentir vergüenza mostrándole su antítesis. Salimos al frio de la calle y nos tumbamos sobre el asfalto para blasfemar a gritos, recitando a un maldito.

Con el corazón algo más ligero entendimos que un acto de belleza, aunque sea puro autoconsumo y vacio de utilidad sirve también para romper las ataduras con la moral colectiva.

Y nos despedimos, prometiéndonos una noche de vino y conversación sesuda, y quien sabe, tal vez un acto de belleza, con la profunda convicción de que no servirá absolutamente de nada para el progreso colectivo, pero nos sentiremos un poco más vivos.

A veces la Vida por si sola ya vale la pena…

Nos quedamos unos minutos escuchando a Nacho disculparse, y Jorge interrumpió con algún tema importante, sin ningún cuidado.

Que falta de tacto.

10 diciembre, 2009


Efímeros IX



Ladran, Sancho, Señal que cabalgamos...



P.D: Me comentaba Jorge tras la barra que dicha frase está erróneamente atribuida a Cervantes pero no aparece en ningún momento de la obra... Yo con la mala costumbre de no confiar en él lo comprobé en mi ejemplar del Quijote... y es cierto...

08 diciembre, 2009

Escrito en la barra I

"Cuando las sillas tiritan y las lámparas tienen frío y estornudan es signo inequívoco de que se avecina una tormenta solar o de que te despertaste en mitad de la noche sobrecogida por una imagen."

"Tengo que comprar un rato en cuanto pueda, para quedarme colgado con la mente en blanco. ¡Que dura se ha vuelto la vida desde que el vacío ha salido al mercado de valores!"

"Me duele una idea. Tendré que visitar a mi doctor de cabecera para que me recete algunos gramos de desatascador mental universal, infalible! De venta en farmacias de guardia y en ciertas esquinas oscuras de algunos bares clandestinos."

"La fobia al dolor se cura, es relativamente sencillo. En cambio el miedo a la beleza tiene muchos números de cronificar. Así rueda el mundo..."

"- ¡Huye de las mujeres esponja!
- No entiendo nada
- Nada que entender, tu solo huye de las mujeres esponja.
- No te creo
- No lo hagas, estoy deshidratado y me falla la mente. "


09 noviembre, 2009

Efímeros VII






Ella cuida de las olas

Yo vigilo la marea
De cuando ardemos...


Llega el frio polar a las calles. Cielos limpios i lunas acarameladas de primeros de noviembre. Algunas nuevas adquisiciones en el rincón de los importantes y sueños nostálgicos de gente que quedó por el camino. Con el frío llegan las mantas y los domingos de sofá y abrazos dulces al abrigo del buen cine. Las comidas que se alargan, y el amor así, con todas sus letras.

Así nos preparamos en la taberna para trampear los meses azules. Como buenos principiantes en el arte de vivir aprendemos a golpes y poco a poco matamos monstruos, aunque se empeñen en resucitar cada vez más encogidos más enclenques. Sonreímos, porque como buenos esclavos de la belleza sabemos bien que las endorfinas ayudan a combatir las bajas temperaturas.

Coleccionamos algunas buenas enseñanzas de los tiempos turbios en un tramo de pared, porque queremos ser buenos entre los buenos y vivos entre los vivos. Sabemos que somos raros, y algo locos. Lloramos a destiempo e incluso ahora que llegaron los buenos tiempos tenemos ratitos de soltar alguna lágrima. Pero no nos preocupa porque la locura nos enseña que esos momentos cedidos al tedio nos sirven para soltar lastre innecesario. Para aislar la tristeza en un mar de abrazos y largos besos. Para recordarle a los malos que nosotros si somos de carne y hueso.

Nos queremos, a ratos hasta doler, a ratos suavemente y muchos otros como se quiere al mundo, cuando se le quiere, cuando no viene en el noticiero.

Vivimos, vibramos, brindamos...

...y luego dormimos abrazados.


02 octubre, 2009




Efímeros VI

De lo nuevo..

“El día que no escribo se me comen las musas” Escribía Jorge en un papel justo antes de darse cuenta que se le había pasado el frio. Fue una sensación repentina, casi mística. Estaba en paz con el mundo de pronto, como no lo había estado desde hacía tanto. Pasó la ola, pasó este monzón postergado y quedaron la belleza y sus secuaces.

El hielo se derrite y la taberna abre sus puertas de nuevo una noche de otoño que parece primavera. Los habituales brindan su vino blanco por el fin de la cordura.

Y los sonreímos…

Como sonreímos…

20 agosto, 2009


Negra efeméride




Federico García
hasta ayer se llamó: polvo se llama.
Ayer tuvo un espacio bajo el día
que hoy el hoyo le da bajo la grama.

¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres!
Tu agitada alegría,
que agitaba columnas y alfileres,
de tus dientes arrancas y sacudes,
y ya te pones triste, y sólo quieres
ya el paraíso de los ataúdes.

Vestido de esqueleto,
durmiéndote de plomo,
de indiferencia armado y de respeto,
te veo entre tus cejas si me asomo.

Se ha llevado tu vida de palomo,
que ceñía de espuma
y de arrullos el cielo y las ventanas,
como un raudal de pluma
el viento que se lleva las semanas.

Primo de las manzanas,
no podrá con tu savia la carcoma,
no podrá con tu muerte la lengua del gusano,
y para dar salud fiera a su poma
elegirá tus huesos el manzano.

Cegado el manantial de tu saliva,
hijo de la paloma,
nieto del ruiseñor y de la oliva:
serás, mientras la tierra vaya y vuelva,
esposo siempre de la siempreviva,
estiércol padre de la madreselva.

¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.

Tú, el más firme edificio, destruido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.

Caiga tu alegre sangre de granado,
como un derrumbamiento de martillos feroces,
sobre quien te detuvo mortalmente.
Salivazos y hoces
caigan sobre la mancha de su frente.

Muere un poeta y la creación se siente
herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos.

Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos,
veo un bosque de ojos nunca enjutos,
avenidas de lágrimas y mantos:
y en torbellino de hojas y de vientos,
lutos tras otros lutos y otros lutos,
llantos tras otros llantos y otros llantos.

No aventarán, no arrastrarán tus huesos,
volcán de arrope, trueno de panales,
poeta entretejido, dulce, amargo,
que al calor de los besos
sentiste, entre dos largas hileras de puñales,
largo amor, muerte larga, fuego largo.

Por hacer a tu muerte compañía,
vienen poblando todos los rincones
del cielo y de la tierra bandadas de armonía,
relámpagos de azules vibraciones.
Crótalos granizados a montones,
batallones de flautas, panderos y gitanos,
ráfagas de abejorros y violines,
tormentas de guitarras y pianos,
irrupciones de trompas y clarines.

Pero el silencio puede más que tanto instrumento.

Silencioso, desierto, polvoriento
en la muerte desierta,
parece que tu lengua, que tu aliento,
los ha cerrado el golpe de una puerta.

Como si paseara con tu sombra,
paseo con la mía
por una tierra que el silencio alfombra,
que el ciprés apetece más sombría.

Rodea mi garganta tu agonía
como un hierro de horca
y pruebo una bebida funeraria.
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan una muerte diaria.

Miguel Hernandez "Elegía primera" (fragmento)


10 agosto, 2009

Cosas de locos VI


Maruja Mallo "La verbena"

Tú,

tú que bajas a las cloacas donde las flores más flores son ya unos tristes salivazos sin sueños

y mueres por las alcantarillas que desembocan a las verbenas desiertas

para resucitar al filo de una piedra mordida por un hongo estancado,

dime por qué las lluvias pudren las horas y las maderas.

Aclárame esta duda que tengo sobre los paisajes.

Despiértame.

Rafael Alberti "Ascensión de Maruja Mallo al subsuelo"

25 julio, 2009


Efímeros V


-¿Por qué me miras tan fijamente? -me preguntaba.
-Porque eres bonita -respondía yo.
-Eres la primera persona que me lo dice.
-Es que soy el único que lo sabe.

Haruki Murakami "Al sur de la frontera, al oeste del sol"

20 julio, 2009

Del sexo del horizonte




Soy horizonte, línea divisoria de lo terrenal y lo etéreo. Mi desnudez siente el calor de la arena en la espalda y el viento silbando al recorrer mi vientre. Estirado entre el polvo y el cielo puedo escuchar el sonido casi lascivo del mundo, el agua salada filtrándose entre los granos de arena, la mar haciéndole el amor a la playa. La espuma de las olas penetrando la tierra por todos sus resquicios hasta crear un sistema perfecto, armónico.

Es justo en ese instante cuando de pronto me siento parte de ese sistema, me dejo llevar por la tierra y la brisa. Voy perdiendo lentamente las dimensiones de mi cuerpo, y durante unos instantes no soy tangible, no soy corpóreo, ni siquiera soy un concepto. Solo conservo intacta la percepción, en bruto, sin análisis, sin juicio.

Son unos segundos preciosos. Más tarde llega la conciencia y con ella la intensidad, los deseos, la poesía y el dolor.

Tengo que limpiar la sal de mi cuerpo…

16 julio, 2009

Efímeros IV





El aire en la ciudad se ha multiplicado por mil, toneladas de gases incoloros difíciles de gestionar. Los espacios se han ensanchado. Las calles, las aceras, los cuartos, todo ha crecido desmesuradamente. Todo esto ha dejado a Nacho en estado de shock, no sabe, no contesta, no sonríe ni llora. No lee los periódicos ni da cuerda al reloj.

No entiende nada…

14 julio, 2009

In-som-nio


Las cosas feas, el mundo, no hay luna, este pegajoso mes de julio, el futuro. ¿qué futuro?

Vuelta

Lance Amstrong, la pena, ese libro mal puesto en la estantería, la novela a medio leer de Auster, los lunes negros, cerrar la taberna para siempre.

Vuelta

La incomprensión, la guitarra muda descansando, la semioscuridad, las ideas locas, el fin de la locura, la decepción, las canciones de Mecano.

Vuelta

La pena, el estómago nudo, la ventana abierta, la puerta cerrada, los imanes de la nevera no son de papel, este desorden irreversible, las postales de Tombuctú.

Vuelta

La hora de morir, el concierto del viernes, ¿qué coño hago con las entradas? Y con mis ansias?, las patas torcidas a golpes de la mesa, las sábanas feas, el sonido del toldo.

Vuelta

Aquel poema de Baudelaire, todo lo que no cabe en mil papeles, la foto arrugada debajo de la mesa, mis sandalias de verano, la playa de la isla del cuento de mi vida, las partituras por el suelo, el sonido del silencio, el ruido de la muerte.

Vuelta

Las cosas feas, el mundo, no hay luna, este pegajoso mes de julio, el futuro ¿Qué futuro?